Crisis de Pánico: Ansiedad Desbordada.

ataques

Los ataques de pánico son episodios en los que el individuo sufre de una manera súbita un intenso miedo o temor con una duración variable: de minutos a horas.Ahogo, palpitaciones, sensación de desmayo e intenso temor es lo que siente alguien que sufre una crisis de pánico. Aparece bruscamente y es paralizante, por lo que interfiere de forma importante con las actividades diarias de la persona.

“Sentí que me iba a morir! Mi corazón comenzó a palpitar muy fuerte y me faltaba el aire. Es la peor sensación que he tenido en mi vida”. Así percibió Nicole (27 años) su primera crisis de pánico. Al igual que ella, muchas personas experimentan estas crisis. Según un estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS) realizado en 2009, 1 de cada 20 personas sufrirá un trastorno de pánico en su vida. El doctor José Antonio Ivelic, psiquiatra de Red Salud UC, asegura que “el estilo de vida, el abuso de drogas o de alcohol, entre otros, son factores que podrían incrementar estos episodios de angustia”.

La persona que sufre crisis de pánico se siente súbitamente aterrorizada sin una razón evidente para sí misma o para los demás. Durante el ataque de pánico se producen síntomas físicos muy intensos: taquicardia, dificultad para respirar, hiperventilación pulmonar, temblores o mareos, miedo de salir de la casa. Los ataques de pánico pueden ocurrir en cualquier momento o lugar sin previo aviso. La persona experimenta un nivel elevado de ansiedad y excitación fisiológica sin causa aparente. La aparición de estos episodios de miedo intenso es generalmente abrupta y suele no tener un claro desencadenante. Los síntomas asociados al miedo, tales como hipertensión arterial súbita, taquicardia, dificultad respiratoria (disnea), mareos e inestabilidad, sudoración, vómitos o náuseas, síntomas todos ellos coherentes con el miedo que los provoca. Generalmente acompaña a la crisis una extrañeza del yo junto a una percepción de irrealidad y de no reconocimiento del entorno.

Los ataques de pánico no duran mucho pero son tan intensos que la persona afectada los percibe como muy prolongados. A menudo el individuo siente que está en peligro de muerte inminente y tiene una necesidad imperativa de escapar de un lugar o de una situación temida

Lo que puede conducir, en casos, a adoptar conductas limitativas para evitar la repetición de las crisis. desembocando en agorafobia, que es un trastorno de ansiedad que consiste en el miedo a los lugares donde no se puede recibir ayuda, por temor a sufrir una crisis de pánico. Puede llegar a ser invalidante:
La persona lo asocia a la sensación de muerte o a que algo muy grave le va a pasar. Esto fue lo que le sucedió a Nicole, quien comenzó a sentir que no tenía control sobre su cuerpo y que en cualquier momento dejaba de existir. “Empecé a tener mucho miedo y pensaba que me iba a morir. Además, comencé a respirar muy rápido y a desesperarme”.
El temor que aparece durante una crisis de pánico es tan fuerte que muchas veces la persona decide dejar de trabajar. Como ella no sabe con exactitud cuándo la va a sufrir, tiene miedo de salir de su casa e incluso de subirse a un ascensor o ir al supermercado.
A Nicole le aterraba quedarse sola en su departamento y se negaba a manejar porque temía sufrir un ataque repentino. “Cada vez que tenía que salir sentía mucho miedo. No quería estar sin mi marido y pensaba que me podía pasar algo malo”.
Las víctimas de este trastorno de ansiedad se vuelven dependientes de sus seres familiares o amigos. Como no son capaces de controlar estos episodios, ni menos de detectar cuándo aparecerán, creen que les pueden volver a suceder inesperadamente sin estar preparados.
Esta no es la única consecuencia adversa. El doctor Ivelic indica que “el 50 por ciento de las personas con crisis de pánico presenta algún cuadro depresivo posterior. Otros comienzan a abusar de sustancias como el alcohol o drogas para calmar la ansiedad. Todos experimentan un gran sufrimiento y muchas veces no son comprendidos”.

La crisis de pánico implica la aparición temporal y aislada de miedo o malestar intensos, acompañada de cuatro (o más) de los siguientes síntomas, que se inician bruscamente y alcanzan su máxima expresión en los primeros 10 min:

-Palpitaciones, sacudidas del corazón o elevación de la frecuencia cardíaca,taquicardia
-Sudoración
-Temblores o sacudidas
-Sensación de ahogo o falta de aliento, respiración forzada, arrítmica, apresurada y con síntomas de ahogo
-Sensación de atragantarse
-Opresión o malestar torácico, dolor en el pecho
-Náuseas o molestias abdominales
-Inestabilidad, mareo o desmayo
-Desrealización (sensación de irrealidad) o despersonalización (estar separado de uno mismo)
-Miedo a perder el control o a perder la razón
-Miedo a morir
-Parestesias, sensación de entumecimiento u hormigueo
-Escalofríos o sofocaciones

Aparece una ansiedad persistente acerca de la posibilidad de que los ataques de pánico vuelvan a presentarse, la persona experimenta ataques de pánico repetidos e inesperados y sufre ansiedad persistente sobre la posibilidad que los ataques de pánico vuelvan a ocurrir.

La persona siente un deseo imperativo de escapar del lugar, momento y situación en los que se produjeron las crisis.
Es normal que, paradójicamente, estos episodios aparezcan en momentos de relajación del afectado, cuando la atención no está capturada por ninguna situación exterior importante. Por el contrario, el hecho de que surja un motivo externo llamativo para llamar la atención puede eliminar los síntomas.

La trampa del que sufre una crisis consiste en creer que lo que está viviendo es peligroso (es decir, surgirá un ataque al corazón, un desmayo, se perderá la razón, se perderá el control) cuando realmente un ataque de pánico no presenta ningún peligro en absoluto. En segundo lugar, los afectados caen en la trampa de hacer cualquier cosa que creen que les ayudará a evitar las crisis cuando lo que realmente hacen es empeorar los ataques de pánico. Estas actividades incluyen comportamientos de evitación, tratando de controlar los ataques de pánico, luchando contra ellos, cayendo en supersticiones y rituales para evitar ataques de pánico y conseguir autoprotección. Es decir, lo que se hace para enfrentarse a los ataques de pánico muchas veces ayuda a perpetuarlos (Carbonell, 2004).

¿Qué hago si me da una crisis de pánico?

Seguir una vida tranquila y sin grandes dosis de estrés es la mejor forma de prevenir las crisis de pánico.

Si aún así comienzas a experimentar una crisis de pánico es muy importante que comiences a respirar de forma lenta y abdominal. Si controlas tu respiración y al mismo tiempo te dices a ti mismo “estos síntomas son debidos a la ansiedad y pasarán en unos minutos” la crisis no irá a más. De esta forma reducirás la hiperventilación que en muchos casos es la sensación más angustiosa de las crisis de pánico.

Busca ayuda profesional, se requiere de tratamiento psicoterapéutico y posiblemente farmacológico.

¿Quiénes son más propensos?
Cualquiera puede padecer crisis de pánico. Los más susceptibles son quienes tienen antecedentes familiares o han vivido en su niñez importantes separaciones o pérdidas. A esto se suman otros factores relacionados con los hábitos de vida, que pueden gatillar los ataques:
-Estrés
-Consumo y abuso de alcohol
-Consumo de cocaína y/o marihuana
-Uso de pastillas adelgazantes
-Ingesta exagerada de cafeína (café y refrescos)

En particular, se han identificado (Nardone, 1993, 2001) tres intentos típicos de soluciones que intenta la persona que ha vivido crisis de pánico:

1) Evitación. El efecto de evitar, de hecho, representa una afirmación para el individuo de la amenaza de la situación evitada que prepara un comportamiento de sucesivas conductas evasivas. Todo esto tiene como único efecto el incremento del temor por confirmar, pero también incrementa el escepticismo con respecto a los propios recursos, aumentando de esta manera la fobia e incluso las reacciones. De esa forma, el trastorno se hace cada vez más invalidante y limitante.

2) Solicitud de ayuda. Una vez que el círculo vicioso de la evasión se activa, la persona a menudo utiliza una segunda “estrategia” que resulta ser contraproducente: la solicitud de ayuda, es decir, la necesidad de estar siempre acompañado y confortado por alguien que está dispuesto a intervenir en caso de crisis y de pánico al perder el control. El efecto de esa solicitud es inicialmente el de tranquilizar a la persona afectada, pero poco a poco conduce a aumentar el miedo y sus consecuentes limitaciones. De hecho, esta posibilidad de tener a alguien o algo (una sustancia o medicamento) para intervenir rápidamente en ayuda del que sufre el temor, termina por confirmar que el afectado es incapaz de enfrentar la situación temida en primera persona y, por tanto, ser capaz de manejar las consecuencias. Incluso este proceso tiende a generalizarse y lleva a la persona a una forma grave del trastorno fóbico basado en la lógica de “ser dependiente” y no poder controlarse.

3) Intento de control. El control sobre el comportamiento fisiológico y sus reacciones redunda en un ciclo perceptivo-reactivo para obligar a entrar al sujeto en acción a fin de afrontar el miedo. Sin embargo, en el intento de mantener el control a toda costa sobre el propio organismo y sus funciones psiquiátricas, se experimenta una situación paradójica: la focalización de la atención en las reacciones fisiológicas (latidos del corazón, respiración, equilibrio, etc.) conduce inevitablemente a una alteración de algunas de las mismas funciones, lo que provoca un temor que, a cambio, genera más alteraciones, activando de esta forma un círculo vicioso en el que “el intento de control desemboca en una pérdida de control”

Afrontar el pánico requiere tiempo y paciencia para redefinir las actitudes frente al miedo extremo para enfrentarse al miedo y no evitarlo.

Una de las estrategias que mejor ha funcionado consiste en la aplicación de diez reglas para afrontar una crisis de pánico:
1.Recuerde que lo que siente no es más que la exageración de las reacciones normales al estrés.
2.No es ni dañino ni peligroso, solo desagradable. Nada peor puede pasar.
3.No añada pensamientos alarmantes sobre lo que está pasando y lo que podría ocurrir.
4.Fíjese en lo que le está pasando a su cuerpo ahora, no en lo que usted teme, en su mente, que podría llegar a ocurrir después.
5.Espere y deje que pase el temor. No luche contra él. Acéptelo.
6.Cuando deja de pensar cosas alarmantes, el temor se extingue por sí solo.
7.Recuerde que lo principal es aprender a afrontar el miedo, no a evitarlo. Es una gran oportunidad para progresar.
8.Piense en el progreso que ha hecho hasta ahora, a pesar de las dificultades. Piense en lo satisfecho que estará cuando supere este momento.
9.Cuando empiece a sentirse mejor, mire alrededor y piense lo que puede planear para hacer después.
10.Cuando esté listo para continuar, comience despacio, en un estado de relajación. No necesita correr ni esforzarse.

W. R. Reid defiende ocho actitudes de recuperación:contrapone actitudes habituales/actitudes “curativas”
a.”No puedo permitir que nadie lo sepa”/”No me avergüenzo”.
b.”El pánico es malo. Es el enemigo.”/”¿Qué puedo aprender como estudiante del pánico?”
c.”Quiero evitar los síntomas.”/”Quiero hacer frente a los síntomas para adquirir conocimientos.”
d.”Tengo que descansar ahora.”/”No me importa estar preocupado aquí y ahora.”
e.”Tengo que permanecer en alerta.”/”No voy a permanecer en alerta contra la ansiedad.”
f.”Esto es una prueba.”/”Esto es la práctica.”
g.”Tengo que tener certeza de que no hay riesgos.”/”Puedo tolerar la incertidumbre.”
h.”Será mejor que esto funcione.”/”No importa si no funciona”.

¿Por qué aparecen?
El doctor Ivelic explica que “ocurren porque hay una desregulación en el sistema nervioso central. Es decir, en una de las zonas del cerebro (locus ceruleus) se produce una descarga del neurotransmisor (noradrenalina) asociado a la respuesta del temor”.

¿Cuál es el tramtamiento adecuado? ¿Qué esperar?
Debido al riesgo de complicación con agorafobia, y la consiguiente limitación de la vida cotidiana, es aconsejable que reciba tratamiento psicológico antes de que el trastorno limite su vida. Los tratamientos psicológicos son eficaces y breves para las crisis de pánico.

En algunos casos, el tratamiento psicológico debe combinarse con tratamiento farmacológico, que debe ser indicado por un psiquiatra. Los fármacos habitualmente usados para tratar las crisis de pánico son algunos tipos de antidepresivos y ansiolíticos. Siempre deben hacerse bajo prescripción médica y siguiendo las indicaciones del especialista.

La mayoría de las personas se recupera.Hay quienes después de acudir a un especialista tienen pequeños episodios de angustia y los logran manejar. Es importante aclarar que la persona debe estar por lo menos un año sin ataques, dejar de temer a las crisis, no evitar lugares que relacione con éstas y volver a desarrollar una vida normal, para que la intervención se considere un éxito. Sin embargo, “hay algunos casos que necesitan un tiempo más prolongado de tratamiento y otros que lo requieren de forma permanente”.

Otras recomendaciones en cuanto al estilo de vida que también puede ayudar a reducir el número o la gravedad de los ataques de pánico, son las siguientes:

-Comer a horas regulares.
-Hacer ejercicio regularmente.
-Dormir suficiente.
-Disminuir o evitar la cafeína, determinados medicamentos para los resfriados y los estimulantes.