La Experiencia Emocional de Ser Inmigrante

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Hace aproximadamente 3 años, vivía en Barcelona, España, y ello me condujo a un proceso emocional intenso que me dió una enorme fortaleza, por este motivo me interesé por conocer acerca de sí eso que sentía era común o no a tod@s l@s inmigrantes…

Ser inmigrante implica hacer un duelo, un proceso de digerir varias pérdidas significativas que se conoce como Duelo Migratorio, de allí que sea una de las experiencias más difíciles de afrontar debido a las intensas emociones que genera. Valentín González Calvo (2005) enumera cuáles son esas pérdidas:

1.El duelo por la familia y l@s amig@s: Este duelo comprende la separación de hij@s, padres mayores, herman@s, familia extensa, además de amig@s y de las relaciones íntimas. Se pierde la red familiar. Aunque en ocasiones las familias se reagrupan parcialmente. Un aspecto importante, este duelo lo viven quienes se van y la familia que se queda.

2. El duelo por la lengua: perdemos el uso fluido de nuestra lengua materna debido al uso cotidiano de otra. Por otra parte, como el aprendizaje de la nueva lengua es un proceso lento se hace difícil la expresión de los aspectos íntimos en este nuevo idioma.

3. El duelo por la cultura: se siente una pérdida por tradiciones, valores, formas de vida propios de la cultura de Venezuela. En muchas oportunidades se intenta revivir esas costumbres, por ejemplo: hacemos las hallacas en diciembre.

4. El duelo por la tierra: los paisajes, colores, olores, la vegetación, la luminosidad. Sobre todo para quien emigra a paises con estaciones el cambio suele ser significativo.

5. El duelo por el estatus social: vivir en un nuevo país incluye una pérdida del status social, pues muchas veces nos incorporamos en un nivel socioeconómico bajo. Estar en el nivel más bajo nos será útil para progresivamente asentarnos en nuestra nueva sociedad de acogida. Sin embargo, si permanecemos en él mucho tiempo tendemos a desmoralizarnos y desmotivarnos.

6. El duelo por el contacto con el grupo étnico: sentimos seguridad en el encuentro con nuestro grupo de pertenencia, donde nos identifican y reconocen. Sin embargo, la distancia de lo nuestro nos hace más evidente esta pérdida.

7. El duelo por los riesgos físicos: en Europa se observa como african@s surcan el mar o europeos del este se arriesgan viajando en los amortiguadores de los autobuses, emprenden viajes muy riesgosos con importantes amenazas para la salud y para la integridad física. Cabe destacar que much@s venezolan@s podemos sentir que los riesgos de nuestros viajes no son tan grandes como los de vivir en medio de la inseguridad en Venezuela, a la cual muchas veces precibimos como una amenaza bélica.

8. El duelo por la pérdida del proyecto migratorio: esta pérdida es más dura cuando las personas vienen con expectaivas poco realistas, se trazan objetivos ilusorios y cuando se dan cuenta de que no pueden conseguir los objetivos se desestabilizan, se sienten muy estresados y se culpan a sí mism@s por esta derrota.

9. El duelo por no poder regresar: el deseo de volver siempre está, no se abandona nunca. Si las condiciones económicas y administrativas lo permiten vamos de visita, en ese momento se reaviva el duelo.

Como afirma Javier Murillo Muñoz: Cada inmigrante está atado a esa parte del planeta que le construyó unos valores, le dió familia, amig@s, y en cierto sentido le dejó ser.

La asimilación a la sociedad de acogida implica inclinarse al estilo de vida del país receptor, como dice un relato de un inmigrante parte del estudio  de Rostros de la Migración: “Me he construido como persona y sigo haciéndolo”

Una actitud muy positiva de muchos inmigrantes que se integran y de los que regresan a su país, es el vivir la experiencia como una oportunidad de crecimiento emocional y espiritual, así el dolor de lo que dejamos atrás se hace más suave, y se vive más a plenitud la oportunidad de compartir con personas con otra lengua y cultura que al final las hacemos propias, las hacemos parte de nuestra vida, en catalán: Fins altra vegada amics !!!