Lactancia Materna

 

Un aspecto verdaderamente sorprendente en estos años que corren, es que sea tan complicado amamantar para cualquier mujer que acaba de dar a luz a su bebé. De allí, que estamos rodeadas de historias colmadas de frutración por no haber podido alimentar a su bebé con su propio cuerpo, e incluso encontramos muchas veces mujeres incomprendidas y criticadas por las madres más radicales en ser prolactancia. Mi invitación es a comprender los procesos personales, los retos, mitos y temores hacia nuestro cuerpo y particularmente hacia nuestra feminidad. Es importante revisar nuestra historia familiar y personal en relación a ser madre y particularmente veo crucial tomarse tiempo para adaptarse a un nuevo rol: ser madre, de poner en marcha los recursos emocionales, la intuición, la profunda unión emocional y corporal con él bebé, permitirnos amar y amarnos a raudales.

Uno de los aspectos que he observado es nuestra necesidad de control: control de horario, control de la cantidad de leche materna que ingiere el/la bebé.

Pareciera que nos falta confianza en que nuestro cuerpo y particularmente confianza que nuestros senos producen lo suficiente y lo más adecuado para nuestro/a bebé.

Además, pareciera que nos falta confianza para comprender que lo que pida el bebé es lo suficiente para él/ella, es decir, tampoco confiamos en la capacidad de autoregularse de nuestros hijos, dudando del hecho de que cada un@ sabe lo que necesita independientemente de si es bebé o ancian@ indefens@.

Un motivo importante por el que las madres podemos abandonar nuestra firme determinación de amamantar es la rotura o dolor en los pezones, generalmente se deben a que cuando colocamos al bebé su boca no abarca completamente el pezón para que pueda succionar adecuadamente. Generalmente los pezones se curan en la primera semana y utilizamos calostro o leche materna sobre ellos para favorecer la cicatrización.

Si a los bebés se les da solución glucosada injustificadamente, mientras permanece horas interminables separados de su madre al nacer, se favorece la confusión entre tetero o biberón y pecho materno, lo que no favorece la fuerza necesaria para succionar.

Mientras la madre amamanta no se requiere agua para el/la bebé. Mientras la madre amamanta es conveniente una dieta saludable, con una buena variedad de alimentos acorde a lo que hasta ahora la madre ha sentido que son alimentos que digiere adecuadamente, además ingerir suficiente cantidad de agua es importantísimo para que fluya la leche.

La madre que recientemente ha dado a luz necesita apoyo emocional y muchas veces que familiares o amigos puedan realizar tareas tan sencillas como preparar la comida, limpiar y lavar. Necesita tiempo para estirarse, satisfacer sus necesidades básicas, y sobre todo dormir.

Además, la madre y quienes decidan apoyarla en la crianza están inmers@s en una serie de tareas para cuidar, higienizar y dar apoyo al bebé en su adaptación al mundo, en actividades como el aseo del cordón umbilical, los baños de sol, la amplia actividad nocturna del recién nacido, el llanto que es la expresión alguna necesidad como frio, calor, gases, hambre, necesidad de movimiento, necesidad de afecto, necesidad de refrescarse y relajarse con un baño, se siente humedo por el pipi en su pañal, etc.

Y ¿Por qué es tan importante la lactancia? Porque sus beneficios físicos, emocionales son extraordinarios, porque madre y bebé experimentan un vínculo que parte de lo corporal y lo supera, porque perciben, juegan y exploran lo más cercano: el pecho, porque damos pecho y favorecemos su seguridad, estabilidad emocional, confianza en sí mismos, inteligencia, entre tantos beneficios.